Sentimientos encontrados con la Semana de la Lactancia Materna

Esta semana, la Semana Mundial de la Lactancia Materna, me causa mucho conflicto, como seguramente les pasa a muchas de ustedes.

Que sí. Que ya todos sabemos los beneficios de la leche materna. El problema no es con  la leche, el problema es el bombardeo constante de mensajes con dichos beneficios, de lo fácil que es, de que TODAS podemos amamantar, de que quienes no lo hacen es por flojas, de que dar fórmula es poner en riesgo la salud de tu hijo, de que es la experiencia más maravillosa, de que todo se consigue con el apoyo correcto… y como madre primeriza, te crees todo eso sin dudarlo un momento y tu meta es lactancia exclusiva hasta que el niño quiera…

Y luego. La realidad.

La realidad te pega porque tu cuerpo dijo que no, que no puede producir toda la leche que tu hijo necesita… y entonces, consultas con la matrona y te dice que está todo perfecto, que el enganche es correcto, que tú sigas ofreciendo. Y el niño sigue llorando por hambre. Y tu sabia madre te dice que “el niño tiene hambre”, pero tú no le crees porque claro, “en sus tiempo nos dieron fórmula al por mayor y mira cómo estamos”. Y tú sigues ofreciendo, cada vez más cansada y más angustiada porque tu instinto te dice que algo no va bien. Y das el pecho cada dos horas, y luego te extraes leche con el sacaleches para estimular la producción. Y lo haces también en las noches. ¿Cuántas noches diste el pecho, contaste media hora, dejaste al nene dormido y al padre dormido y te fuiste a otra habitación a extraerte leche para seguir estimulando el pecho? Porque claro, “quien no puede, es porque no lo intenta suficiente”. Pero siguen los llantos después de las tomas. Y te dicen los profesionales de la lactancia que puedes darle un poquito de formula, pero poquita ¡eh! porque cada gota de fórmula que le des, será una gota que tú no producirás. Y tú le das fórmula muy justita y te sientes culpable: por darle fórmula y dañar su microbiota, su sistema inmune, sus posibilidades de desarrollo intelectual y por no poder calmar su hambre con la tuya. Culpable porque le estás fallando.

Y pasan las semanas y los meses y la cosa sigue igual. Niño aumentando muy justito de peso, pero la asesora de lactancia te dirá que es normal, pero la pediatra te preguntará “¿está comiendo bien?, va muy justito”… sí, lo sabes, pero te debates entre darle más fórmula o no. Al final, las alarmas saltan cuando la matrona te dice que “si yo fuera tú, me aguantaría los llantos y no le daría más fórmula y así lo obligas a pegarse más al pecho”…. es decir, ¿no haces caso al hambre de tu hijo?

Y entonces empiezas a preguntar. La ginecóloga te dice que toda la vida ha habido mujeres que producen poco, las que producen mucho y las que no producen, que es normal, que así somos, que no te angusties. La pediatra te dice que no te angusties por no producir más, que le des toda la fórmula que haga falta, que lo más importante es ver al niño satisfecho. Y luego encuentras grupos de apoyo, donde conoces a madres que les ha pasado lo mismo que a ti. Escuchas de bebés que han terminado en urgencias, por deshidratación, porque a sus madres les decían que todo estaba bien, cuando en realidad, el bebé no estaba comiendo suficiente o nada. Lees de casos de niños con daño cerebral porque en hospitales baby-friendly les negaron la leche de formula…

Y entonces llega la rabia. ¿Por qué nadie te dice que estas cosas pueden pasar? ¿Por qué te pintan una realidad que no es verdad para todo mundo? ¿Por qué en los cursos de preparación al parto no te lo dicen? ¿Por qué en la Semana Mundial de la Lactancia Materna nadie te dice que a veces la cosa falla?

Y también llega la culpabilidad, de nuevo. Culpabilidad por no creer a tu madre, la voz de la experiencia, y creer que tú sabias más. Culpabilidad por haber dejado con hambre al crío… ¿cuántas veces tuvo hambre y tú le diste poquita fórmula? Culpabilidad de pensar que le hayas hecho daño a su desarrollo por haberle restringido el alimento. Culpabilidad por haber sido tan ciega y no hacer lo que cualquier madre de cualquier especie haría: alimentar a su hijo.

Y han pasado dos años y todos esos pensamientos vuelven. Y esta semana se convierte en un revuelo mental.

Pero ahora, mientras escribo, también me refugio en las cosas buenas. Y no puedo estar más que agradecida,  porque no estuve sola. El padre del crío estuvo ahí y estuvo al tanto del pequeño y la madre. Tanto para alimentar al crío, como para consolar a la madre. Y no dudo que ese periodo haya sido difícil, también para él, pero estuvo siempre, haciendo su trabajo de papá. Gracias. Y también estuvo la abuela que fue un apoyo y un consuelo constante y que gracias a su insistencia, ese pequeñajo tuvo su barriguita llena más veces.

Y aún así… Espero que se acabe ya esta semana.

Polémica: ¿cuál es la mejor leche de fórmula del mercado?

Habemos muchas madres/familias que hemos alimentado a nuestros hijos con fórmula, por la razón que sea, y muchas hemos pasado por las críticas de la gente alrededor o por la presión de algunos profesionales sanitarios. Se criminaliza a la fórmula, pero gracias a este avance científico (sí, trae años de investigación detrás), muchos bebés están vivos y creciendo… ¡Gracias por escribir este post!

Vale ya. Os diré que estoy de vacaciones y que este post no estaba previsto. Ojalá no hubiera tenido que escribirlo. Pero me he enfadado y removido tanto por dentro que, teniendo un blog donde denunciar aquello que considero injusto, sería delito no hacer la reflexión que vais a leer a continuación.

Yo era de las que pensaba que todas podíamos dar el pecho. Estaba convencida. Consideraba que las madres que decían “no poder” no estaban bien informadas y asesoradas. Ahora sé que eso es no es del todo cierto, y lo digo con conocimiento de causa (puedes leer mis experiencias con la lactancia; con mi primera hija; con mi segundo; y, por último, con mi tercera). Sí es cierto que muchas mujeres fracasan en sus lactancias por falta de apoyo y orientación profesional, no lo voy a negar. Pero también sé, por experiencia propia, que a…

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Historia: No producción de leche y depresión post-parto.

Mi hija Romina nació por cesárea. Mi embarazo no tuvo ninguna complicación pero cerca de la fecha de término, mi bebé no se había acomodado, estaba sentada, así que mi médico me programó para cesárea. Tras tres horas en el quirófano nació mi hermosa pequeña, y ahí empezó a decaer mi estado de ánimo. La pediatra en turno, responsable de revisar a mi bebé, me hizo varios comentarios negativos sobre el aspecto físico de mi pequeña. Cosas sin sentido, pero que en ese momento me hicieron sentir la peor madre del mundo y que era mi culpa que mi niña no estuviera bien. A partir de ahí, mi alegría se fue perdiendo.

Las cosas fueron empeorando en el primer momento de darle pecho a mi bebé. En el hospital me hicieron hincapié en que la lactancia materna era lo mejor para el desarrollo del bebé. La enfermera me explicó como acomodar a mi niña y que la tuviera pegada a mi el tiempo que fuera necesario. Después de unos minutos, mi bebé comenzó a ponerse muy inquieta. La enfermera me tocó el pecho y vimos que no salía nada de leche. Se la llevó y le dio formula con un vaso. Estuve hospitalizada cuatro días, durante los cuáles yo seguía sin leche. Mi nena se despertaba cada tres horas, parecía un reloj, y cada vez la ponía al pecho, pero todas las veces se la tuvieron que llevar para dale fórmula porque a mi no me salía nada, si acaso una gota.

Cuando me dieron de alta, la indicación que más me resaltaron fue “pecho a demanda”, y me angustié…

Ya en casa, seguimos la rutina de ofrecer el pecho cada que tenía hambre, pero como aún no tenía leche, le daba leche de formula al final. Yo me sentía fatal porque los médicos me dijeron que darle fórmula era de lo peor que podía hacerle a mi bebé.  Acudí con diferentes médicos para saber la razón por la cual, no tenía leche. La única respuesta que obtenía era que “me la siguiera pegando al pecho”, que así conseguiría producir. Pasó un mes y nada. Era un dolor físico y de corazón que no podía soportar. La presión tan excesiva de los médicos se unió a mi depresión que iba en aumento.

Paso otro mes y sacando fuerzas de donde pude, decidí que no iba a dejar que nadie me siguiera presionando en la forma de alimentar a MI hija. Si yo no tenía leche, de alguna forma tenía que alimentarla. Así que desistí de darle pecho y sólo le dí formula.

Con ayuda de mi esposo y gracias a que los pediatras confirmaban que la niña iba creciendo bien, mi depresión fue cediendo y poco a poco recuperé la alegría.

Mi ahora niña, tiene 3 años. Es una pequeña sana, hermosa y su desarrollo es totalmente  normal.

RomisIvonne

Quiero decirles una cosa: Mamás, tomen la decisión que mejor les convenga para la alimentación de sus peques. Confíen en su instinto. No permitan que las desanimen o que les digan que la forma de alimentar a sus hijos es incorrecta. Puede ser que no hagamos lo “correcto”, pero sí haremos lo que es MEJOR para nuestros hijos.

Una opción para incrementar tu producción de leche

¿Has escuchado hablar de la técnica de extracción poderosa? Es una técnica en la que de manera sistemática extraes leche con un sacaleches. Es mejor si tienes un sacaleches doble, pero con uno sencillo, también se puede. Aquí te dejamos cómo hacerla.

Y recuerda, no hay evidencia científica de que algún alimento o bebida ayude a incrementar la producción de leche.

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Bienvenidos al Blog en Español de la Fundación Fed is Best

La Fundación Fed is Best (traduciendo es “Alimentado es lo Mejor”) es una organización sin ánimo de lucro, formada por profesionales de la salud y padres y madres que trabajamos para identificar riesgos en los protocolos y guías actuales sobre lactancia. Nuestra misión es ofrecer información sobre prácticas de alimentación seguras para los bebés, principalmente en los primeros días de vida cuando la lactancia aún no se establece. También se ofrece apoyo a las familias a través de diversos blogs, publicaciones y grupos de Facebook.

En Fed is Best apoyamos la lactancia materna, pero nos preocupa que las actuales políticas sobre ella, puedan provocar sufrimientos innecesarios o daños irreversibles en los bebés, sus madres y las familias.

En la Fundación sabemos que la lactancia no siempre se logra establecer, sabemos que hay veces que la leche tarda en subir, que hay madres que producen poco, que hay madres que no producen… y que todo esto puede ser doloroso para las madres y peligroso para los bebés. También sabemos que hay madres que han decidido no amamantar y madres que han tenido que destetar sin quererlo, y que eso puede ser difícil y producir un duelo en ellas. Nuestra manera de apoyarnos ha sido con asesoramiento de expertos, médicos, enfermeras, consultoras de lactancia, y compartiendo nuestras historias, siempre en un ambiente libre de prejuicios.

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En este blog nuestra intención es compartir las experiencias de madres hispanoamericanas de ambos lados del charco. Poco a poco iremos subiendo historias, las cuales compaginaremos con recursos que pueden encontrar en nuestra página de Facebook (en español) y en la de la Fundación (en inglés).

¿Te gustaría compartir tu historia y ayudar a otras mamás que quizás estén pasando por las mismas dificultades?

Les invitamos a escribirnos y compartir con nosotros.

Les dejamos aquí la página de la Fundación por si quieren echarle un vistazo:

Página web de Fed is Best

Y un link a los recursos para las familias, donde podrán encontrar información sobre lactancia y alimentación:

Recursos para padres en español

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